Argentina romántica: De espacios pensados y ciudades reales

Monumento al guardavida en la Costanera Sur de Buenos Aires. Foto©BA Inspiration
Monumento al guardavida en la Costanera Sur de Buenos Aires. Foto

©BA Inspiration

“Desde finales de los años ochenta hasta mediados de los noventa, Barcelona vive una transformación de gran alcance. El urbanismo, la arquitectura y el diseño se incorporan a los criterios de gobernanza. La ciudad se integra en los flujos globales del turismo a expensas de afianzarse como marca y como síntesis, siempre parcial, de ingredientes humanos, naturales e históricos”.

¿Qué pensamos cuando pensamos en Barcelona? En mi caso, “la ciudad vivible”, “la ciudad de la gente”, “calidad de vida”. Como bien demuestra el texto de arriba (parte de una exposición que vi en el MACBA hace unas semanas), esas imágenes mentales no son casualidad.

Por mi trabajo en el área de turismo de eventos (en mi primera y joven experiencia profesional en Ferias & Congresos hace una década) ya tenía algo de conocimiento sobre cómo una ciudad se compactada a un eslogan y es vendida como un paquete de ideas y sensaciones, pero nunca había pensado en cómo afectaba esto a la forma en que uno vive destinos que visita o incluso su propia ciudad.

El texto de Barcelona me tocó porque -disculpas la ingenuidad- pensaba que esa idea de la ciudad era más una conclusión propia que una imposición calculada. Pero la sección que encabezaba ese texto mostraba justamente hasta qué punto existían desigualdades y contradicciones que demostraban que esa “calidad de vida” estaba acotada a un segmento de la ciudad (o, al menos, de su población).

Días más tarde me llega este video que está circulando en la web, una maravilla de archivo: el capítulo de Argentina de la serie de micros cinematográficos ‘Traveltalks’ cuyo anfitrión era un productor llamado James A. FitzPatrick que quedó en la historia como ‘The voice of the Globe’ o ‘La voz del mundo’ (se puede ver con subtítulos activando el botón de la barra inferior derecha).

Los detalles simpáticos abundan… “The Argentine”, “Uno de los países más ricos del mundo”, “[Buenos Aires] la ciudad más grande de Sudamérica” (esto era 1930, cuando el masivo desarrollo industrial brasileño estaba apenas empezando). Las imágenes del balneario de Costanera Sur me rompieron el corazón: este último fin de semana estuve en esa zona y pensaba en cuán maravilloso sería que todavía tuviéramos una zona de recreo allí. No se pueden creer los visuales del lechero vendiendo vasos de leche directamente de la vaca (tanto por lo curioso como por lo reprochable de tener a la vaca así), la orquesta arriba de una balsa en el Tigre, y cómo el Hipódromo de Palermo era “el centro de la vida social de Argentina”.

Algo triste es el párrafo que dice que todos nuestros hermosos parques, bulevares, edificios y “monumentos magníficos” “deben su existencia enteramente al genio del hombre, que recibió poca y nula ayuda de las bellezas de la naturaleza para hacer de Buenos Aires una ciudad de maravillas”. Ciudades como Mendoza han tenido mejor suerte en este sentido.

Pero más allá de todo lo anterior, lo que me quedó es cómo hace más de ochenta años, Argentina y Buenos Aires ya eran ‘románticos’. Esta palabra es hasta hoy un signo asociado al imaginario del país y de la ciudad, y, sin embargo, ¿cuán acertado o -como mínimo- cuán cercano es este concepto a la realidad de la vida acá?

Romantic Argentina me resulta adorable, pero me intriga el pensarnos en versión contemporánea. Supongo que como todas las ciudades se van pareciendo, mutando hacia un ideal de espacio genérico que tenga los recursos indispensables para la “vida moderna” (¿cafés, brunch?), es más fácil definirnos rescatando versiones pasadas.

No sé cuál sea la definición actual de esta ciudad, quizá no haya que definir nada. Pero me gustaría ver a Buenos Aires con términos más cercanos a mi experiencia diaria. Quizá, de todas formas, las expresiones de deseo por una idea remota también contribuyan a moldear lo que se ve.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *