Hacia una cultura ambiental

(Texto en evolución)

A principios del siglo XX, los conceptos de naturaleza y cultura se planteaban como opuestos: la naturaleza era un mecanismo riguroso, regular y espontáneo/irreflexivo; se la veía como “ser”, sin voluntad o sentido. La cultura se describía como libertad, contradicción, artificio, costumbres/convenciones; la cultura estaba basada en el sentido y la voluntad. Pero en el contexto actual, esa diferenciación ya no parece relevante.

Como dice Jean-Marc Besse en Naturaleza y Cultura, la cultura es naturaleza. Los recursos materiales y energéticos de la naturaleza meramente son, pero al emplearlos el hombre les da significado, “cultiva” y “modela” a la naturaleza para darle sentido. “La naturaleza está cultivada, es decir, a la vez trabajada y puesta en forma, tanto en el hombre como alrededor de él. La educación, la agricultura, la técnica en general, son diferentes ejemplos de este modelado de la naturaleza por la cultura”.

A su vez, actualmente hay un cambio radical en la relación entre cultura (hombre) y naturaleza. La naturaleza ofrecía un conjunto de condiciones para el despliegue de la vida humana (“algo así como un abrigo bajo el cual el drama humano podía desempeñarse”), pero la acción humana hizo que se volviera impredecible y fuera capaz de poner en riesgo nuestra existencia. Hoy la naturaleza se volvió frágil, las condiciones naturales para la existencia perecederas, y está sometida al cuidado del hombre. Éste tiene una responsabilidad nueva: cómo asegurar un mundo habitable para la continuidad de su cultura.

En este contexto, la naturaleza es cultura desde otra arista: su presencia y cuidado se convirtieron en cuestiones morales. A nivel cultural lo natural se volvió sinónimo de verdadero, auténtico, sano; y lo que se desvía de ello en una degradación o una degeneración.

En resumen, como escribe Maurice Merleau-Ponty en Phénoménologie de la Perception (la traducción es de Besse),

“No hay una palabra, un comportamiento que no deba algo a la forma pura del ser biológico, y que al mismo tiempo no vaya más allá de la naturaleza básica y las limitaciones de la vida animal, provocando formas de comportamiento que se alejan de su dirección predeterminada.”

Naturaleza y cultura ya no son dos mundos territorialmente distintos; y en el seno de la cultura se articula todo lo que puede ser designado, pensado o vivido como “naturaleza”.

Así, la cultura ambiental es cómo los seres humanos se relacionan con el medio ambiente a través de valores, creencias, actitudes y comportamientos.

B-A-I (antes BAI Editores), proyecto editorial de la periodista Paula Alvarado, se propone explorar estos cruces entre cultura y naturaleza, considerando que naturaleza y hombre son indivisibles, y que cuidar el ambiente es preservar y mejorar las sociedades.

La idea es explorar el tema en tres dimensiones: sensorial (cómo vemos, pensamos, sentimos a la naturaleza), lógica (cómo se insertan nuestras acciones en los ecosistemas que componen el medio ambiente y de qué forma ambiente y humano/cultura se influencian positiva o negativamente), y material (catalogando y exponiendo objetos basados en modelos productivos sustentables; y promoviendo la conversión hacia procesos de manufactura sustentables con información).

Ventanas del Barrio Rawson. Foto por Magalí Saberian.

Detalle de ventanas en el complejo del Barrio Rawson. Foto: Magalí Saberian.